Tomar medicinas es algo que el ser humano ha hecho desde tiempos remotos. Si bien es cierto que, en esos tiempos remotos, lo que se tomaba era de origen natural y, en el peor de los casos, no hacía ningún efecto. Con la evolución del hombre, han evolucionado los medicamentos, como es lógico y natural. De manera que, cuando los remedios para la salud de otros tiempos empezaron a conocerse como medicamentos, ya se trataba de otra historia.
Los medicamentos no son brebajes a base de hierbas o cataplasmas de barro. Se trata de sustancias químicas, compuestas por lo que se denomina principio activo y excipientes. Es decir, lo que ayuda a curar y lo que hace que se pueda tomar. Estos productos químicos tienen la finalidad de prevenir, diagnosticar, tratar, aliviar o curar enfermedades. Por lo que deben estar aprobados por las correspondientes agencias reguladoras, garantizando que son seguros y eficaces.
Utilizar los medicamentos de forma correcta y adecuada es lo que determina su efectividad. No se puede hacer un uso indiscriminado de los mismos o tomar el que más convenga sin que sea el adecuado. Los medicamentos son considerados como una herramienta terapéutica, de hecho, una de las más utilizadas en la actualidad. Por lo que, como decimos, su uso correcto es lo que permite que la población se beneficie en lo que, a alivio o prevención de enfermedades, respecta. Tomar medicamentos mejora la salud de las personas cuando se encuentran enfermas o modificando su estado fisiológico.
Para que el uso y efecto del medicamento sea correcto, debe existir un equilibrio entre cuatro objetivos elementales: maximizar su efecto, minimizar el riesgo, respetar la elección del paciente y minimizar los costes. En la actualidad, los pacientes disponen de mayor información, por lo que tienen mayor capacidad a la hora de tomar decisiones respecto a su salud, por lo que conviene tener presente dos conceptos: autocuidado y automedicación.
Cuidarse no es automedicarse
Se entiende por autocuidado los cuidados que una persona se procura a sí misma, con objeto de mejorar su calidad de vida, fortalecer o restablecer su salud y prevenir enfermedades. Esto implica una serie de prácticas cotidianas, como un buen sueño, la alimentación o realizar ejercicio físico de forma regular; las medidas higiénicas necesarias, así como tener hábitos relacionados con la disminución del riesgo de sufrir alguna enfermedad o prevenirla, forman por igual parte del autocuidado. De manera que se priorizan los cambios del estilo de vida, incorporando hábitos saludables.
Pasamos ahora a la automedicación que, como nos explican los profesionales del sector farmacéutico de Globalk Farma, como comerciales y distribuidores del sector, es otra cuestión diferente y de mayor relevancia. Se considera que una persona se automedica cuando toma un medicamento por decisión propia, sin que medie la intervención de un médico, con la finalidad de aliviar un síntoma o curar una enfermedad. En este aspecto, se excluye la toxicomanía y la farmacodependencia. La automedicación es una práctica muy habitual en la sociedad, siendo los grupos más propensos a ello las mujeres, jóvenes, personas que viven solas, con alto nivel educativo y socioeconómico y urbanos. Pero la automedicación no se encuentra exenta de riesgos, casi todos ellos relacionados con los efectos secundarios que pueden producir, las posibles reacciones adversas o la falta de eficacia. Por lo que resulta indispensable que, ante cualquier síntoma de enfermedad, se consulte al médico o farmacéutico.
Hacer un uso adecuado de los medicamentos disponibles es muy sencillo. Consiste en que el paciente reciba el medicamento en cuestión, para una indicación en particular, con su dosis adecuada, durante un tiempo establecido y con el menor coste posible, tanto para el paciente como para la sociedad. Es decir, el uso correcto de la medicación consiste en lograr su finalidad: curar y reparar la salud de las personas. Haciendo un uso racional de los fármacos, evitando las consecuencias negativas que puedan producirse, como los efectos secundarios, interacciones o pérdida de eficacia.
Los datos disponibles por parte de la Organización Mundial de la Salud, al respecto de la automedicación, señalan que un tercio de la población mundial no dispone de acceso a los medicamentos esenciales, tomándolos el cincuenta por cien de los pacientes de manera incorrecta.
Utilizar los fármacos de forma incorrecta puede conllevar desde efectos secundarios hasta intoxicaciones. Por lo que resulta de gran importancia saber cómo deben utilizarse y tomarse con seguridad y para que sean eficaces.
Errores a evitar, consejos a tomar
Es de sobra sabido que la prescripción de un medicamento depende del médico y que sea dispensado, del farmacéutico. Sin embargo, es el paciente quien debe actuar de forma responsable y cumplir con el tratamiento y las indicaciones que proporcionan los profesionales de la salud. Los pacientes tienen que comprender y asumir lo prescrito por el médico, así como el tratamiento en cuestión.
Para conseguir adherencia terapéutica o seguimiento de la toma de un medicamento, es necesario que exista una negociación entre el médico y su paciente. Si existe coincidencia en la orientación del profesional de la salud y lo que hace el paciente, se produce la necesaria adherencia al tratamiento.
El incumplimiento de un tratamiento se torna relevante en enfermedades frecuentes como la hipertensión, el colesterol o la diabetes. Siendo los fallos y errores más habituales a la hora de tomar medicación los que se relacionan con los siguientes aspectos:
- No seguir el horario prescrito para cada dosis, aspecto de gran importancia, para garantizar la eficacia.
- Olvidar alguna dosis, pudiendo llevar a la pérdida de eficacia.
- No completar la duración del tratamiento por sentirse mejor.
- Olvidar los medicamentos cuando se va de viaje, sobre todo en el caso de enfermedades crónicas.
- Dejar de tomar la medicación crónica para que el cuerpo descanse.
- No seguir las recomendaciones de ingesta de fármacos en relación con las comidas.
- No proporcionar al médico la información correcta sobre los síntomas o medicamentos que se toman o dejar de proporcionar datos.
- Recomendar los fármacos a otras personas porque han ido bien en síntomas similares. Hay que recordar que no hay enfermedades si no enfermos. Por lo que el médico adapta el tratamiento a cada paciente.
- Algunos factores favorecen el incumplimiento de las prescripciones, como la falta de educación sanitaria sobre la enfermedad que se sufre, la complejidad del tratamiento, la relación médico-paciente, las reacciones adversas y la falta de apoyo familiar, social y sanitario.
Para contrarrestar estos errores, existe una serie de recomendaciones que se pueden seguir y todos debemos conocer, puesto que ayudan a que se realice un consumo responsable y adecuado de la medicación.
Participar de forma activa en todo lo relacionado con los medicamentos a tomar resulta indispensable. Hablar y consultar las dudas con el médico o farmacéutico, entender el porqué del tratamiento y estar de acuerdo con el mismo es fundamental.
El médico es la persona que sabe lo que cada paciente necesita, por lo que se ocupa de recetar el medicamento que más se ajusta a la dolencia padecida o, responder a las preguntas sobre los fármacos. Siempre se deben seguir sus indicaciones y pautas, en lo relativo a dosis y tratamiento, evitando su suspensión sin razón justificada.
Adquirir la medicación en la farmacia y confiar en el farmacéutico, puesto que es el único lugar autorizado para dispensar medicamentos. La compra de fármacos en internet o en cualquier otro tipo de establecimiento no garantiza que sean seguros y tengan la calidad necesaria. Acudir a la farmacia a dejar los medicamentos caducados para su correcta eliminación es algo que no se hace, pero deberíamos hacer todos. El profesional farmacéutico es quien mejor conoce los medicamentos, por lo que realizará una dispensación informada, sobre todo cuando se trate de medicamentos sin prescripción médica. El asesoramiento y consejo de este profesional es esencial para que los medicamentos se utilicen de forma correcta.
Leer el prospecto es la mejor manera de conocer el medicamento prescrito. Antes de utilizarlo, hay que saber todo lo posible sobre el mismo. Cuándo, cómo y durante cuánto tiempo hay que tomarlo, las interacciones que puede presentar al ingerirlo junto con alimentos, bebidas y otros medicamentos. No está de más conocer las posibles consecuencias que se pueden producir en caso de no seguir las indicaciones del médico. Por lo que leer el prospecto con atención y detenimiento es la mejor manera de salir de dudas.
Almacenar medicamentos requiere de un lugar adecuado. Contar con un botiquín o lugar destinado a la medicación es indispensable. Alejado de otro tipo de productos, a temperatura adecuada y lejos del alcance de los más pequeños.
En el momento de guardar el medicamento, siempre se debe hacer en su envase original y con el prospecto. De modo que se pueda consultar en todo momento la posología o la información que sea necesaria. Además de permitir que sea identificado de forma correcta. El blíster tiene una función importante, por lo que no se deben sacar las pastillas del mismo y dejar el medicamento suelto.
Poco más podemos añadir al respecto del uso correcto de los medicamentos. Básicamente, se trata de no automedicarse cuando convenga, hacer caso a las indicaciones y prescripción del médico y seguir los consejos dados para evitar un uso inadecuado.

