¿Debo llevar a mi hijo al psicólogo?

10 marzo, 2014

Uno  de los principales prejuicios de llevar a un niño al psicólogo, además de las posibles repercusiones sociales, es el orgullo de los padres. Para algunos progenitores, la decisión de acudir a una consulta psicológica infantil en Barcelona implica admitir que algo no se ha hecho bien en la educación de los pequeños, uno de los principales prejuicios que hay que erradicar.

También existen ocasiones en las que acudimos a un profesional como fruto de nuestra desesperación, en ocasiones buscando soluciones milagrosas y, especialmente, inmediatas.

Existen padres que desean (igual que para sí mismos cuando no dominan una situación de estrés) un pastilla milagrosa que calme, por ejemplo, un síndrome de TDAH y otros que quieren oír hablar ni en broma de soluciones invasivas para el organismo.

Cuando un padre decide o duda sobre llevar a su hijo al psicólogo está admitiendo, en primer lugar, que necesita ayuda (lo cual es un paso del que debe sentirse muy orgulloso), pero en segundo lugar debe hacer un voto de confianza con el profesional que acuda, siendo consciente de que no se trata de un profesional médico, pero que sí puede asesorarle sobre acudir a uno en caso de que el problema que lleva al niño a la consulta deba ser tratado por otro tipo de profesional. El ejercicio de la confianza es fundamental para el éxito de la terapia.

Un psicólogo es un profesional que aplica sus conocimientos para tratar de explicar las causas de un comportamiento o pensamiento.

Trabaja al servicio del cliente o paciente, lo cual significa que este debe colaborar para que el psicólogo pueda llevar a cabo su trabajo satisfactoriamente. Esto significa que un psicólogo no puede ayudar a una persona que no desea ser ayudada.

Esta matización resulta necesaria, ya que muchos pacientes acuden a una consulta deseando que el profesional aporte una solución a un sujeto pasivo que se deja hacer, lo cual está muy alejado de la actividad real que ha de desempeñar un psicólogo honrado.

Es habitual acudir a un psicólogo cuando el niño o el adolescente presenta problemas de adaptación en el aula, especialmente cuando la actividad docente y el rendimiento de los demás alumnos de la clase dependen de su comportamiento. También cuando presenta problemas médicos como la esquizofrenia o el autismo, que repercuten en sus vida personal y social, para llevar un seguimiento de su comportamiento y proporcionarle las herramientas necesarias para su mejor adaptación y bienestar en el medio en el que vive. Si nuestro hijo sufre de fobia social, es acosado en su centro escolar y sufre problemas de ansiedad, trastornos del sueño y un constante sufrimiento es necesario acudir a un psicólogo.

Es importante contrastar todos estos casos con el consejos de profesores y tutores de nuestro hijo, ya que a veces somos los padres los últimos en darnos cuenta de que nuestro hijo tiene un problema y necesita ayuda. Es frecuente que los padres quieran negar que los hijos tienen un problema, que fallan, que no son perfectos, o que la educación que les hemos quizá presenta algunas deficiencias y no les hemos preparado para afrontar ciertas situaciones.

Otro de los errores que solemos cometer como padres y que nos pasa desapercibido es que le damos más importancia a la falta de actividad de nuestros hijos que a la actividad en exceso. Esto quiere decir que nos preocupamos mucho si nuestro hijo realiza varias actividades en un espacio de 15 minutos sin ser capaz de centrarse en ninguna que si se pasa tres horas sentado en el sofá mirando a las musarañas. El segundo caso, si se produce de forma prolongada y va acompañado de que nuestro hijo apenas se relacione y participe en las reuniones familiares, es un comportamiento susceptible de ser observado cuanto menos.

La decisión final de llevar a nuestro hijo a una consulta o no deberá estar basada en la intensidad, frecuencia y duración de la conducta que nos preocupa.

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