Bruxismo infantil: A mi hijo le rechinan los dientes

Bruxismo infantil: A mi hijo le rechinan los dientes
16 abril, 2019

Seguro que en más de una ocasión has notado que por la noche a tus hijos le rechinan los dientes. Quizás muchos padres no le den importancia, pero hay que tener mucho cuidado. Detrás de ese rechinar, que para muchos padres será algo normal, puede existir un caso de bruxismo infantil, una enfermedad peligrosa si no se coge a tiempo. Una enfermedad que puede provocar posteriores problemas a nuestros hijos.

¿Qué es el bruxismo infantil?

Se trata de una dolencia en la que el paciente aprieta la mandíbula y/o frota la arcada inferior y superior de los dientes entre sí, desgastando las piezas de manera inconsciente. Aunque siempre se ha asociado a personas mayores, no es así. También existe el bruxismo infantil. Aparece entre los seis y los diez años, y que coincide con la caída de los dientes de leche y la oclusión de los definitivos. Se caracteriza por apretarlos, especialmente durante la noche, y es una forma natural de estimular la dentición y favorecer la formación ósea y muscular de la cara.

Causas del bruxismo

El bruxismo es una enfermedad que padece cerca del 50% de la población. Rechinar y apretar los dientes es un mal hábito que, como nos dicen desde la Clínica Dental María José Manrique,  puede generar dolor de cabeza, de cuello… así como un desgaste en el esmalte dental, que cuando seamos adultos lo podemos echar de menos.

Se consideran factores precipitantes del bruxismo: las malaoclusiones esqueléticas, otras alteraciones oclusales y las restauraciones defectuosas, aunque existen discrepancias en los hallazgos de los trabajos de diferentes autores.

  • Dolores de cabeza u oídos, salida de nuevos dientes, caída de dientes de leche.
  • Párasitos intestinales. Hay mucha controversia en torno a este tema, pero es conveniente tenerlo en cuenta.
  • Para otros, el bruxismo nocturno es una parasomnia, es decir una situación psíquica indeseable que ocurre durante el sueño, relacionado con distintos grados del despertar.

Se sospecha en la posibilidad de la existencia de factores genéticos, ya que se ha encontrado una relación entre el bruxismo con alteraciones musculoes-queléticas y retraso mental. Algunos autores han encontrado una mayor frecuencia de bruxismo en niños cuyos padres habían tenido episodios de estas características en la niñez.

Incluso algunos autores consideran que el bruxismo sería una respuesta a problemas personales no resueltos o bien a la imposibilidad de expresar sentimientos de ansiedad, odio y agresividad

Soluciones

Desde la Clínica nos recomiendan elaborar una férula de descarga de silicona o placa miorrelajante. Las hay muy cómodas y ayudarán al pequeño a paliar los daños durante la noche, ya que toda la descarga de la dentadura recaerá en ella. No obstante, la idea es lograr que se relaje, por lo que no estaría de más trabajar con terapias antiestrés o similares. También se recomienda la fisioterapia en algunos casos para reducir la tensión de la musculatura y bucodental.

La fisioterapia debe ser reservada para pacientes adultos o adolescentes. No es aconsejable el uso de relajantes musculares dada su edad corta.

Qué hacer en casa

En casa podemos poner en marcha una serie de trucos antes de irnos a la cama que seguro que le ayudan a nuestro hijo. Son pequeños, y cotidianos gestos. Un baño caliente, tomar un vasito de leche caliente, eso sí, después deberá lavarse los dientes, leer un cuento, y escuchar música relajante le ayudarán a calmarse. Lo que sí debemos tener alejados son los típicos dispositivos como tablets o móviles y pantallas, y evitar que se vaya a dormir preocupado o enfadado.

Independientemente de ello es conveniente que el niño realice actividades que le permitan relajarse antes de dormir. El deporte, la lectura, escuchar música son buenas maneras de lograrlo.

En conclusión, el bruxismo en niños alcanza un   nivel de presencia similar al del adulto durante la preadolescencia.  También los factores involucrados en    el   desarrollo del bruxismo parecen relacionarse con factores genéticos y de estrés. Y  no existe un signo patognomónico ni un examen que posea alta sensibilidad diagnóstica.

Lo que está claro es que los padres nos tenemos que preocupar por este problema de nuestros hijos, tomar medidas para que no vaya a más en los siguientes años.