Adoro a los niños, pero de otros

Adoro a los niños, pero de otros
24 agosto, 2016

Dicen que cuando una mujer se queda embarazada empiezan los contagios a su alrededor. Yo pensaba que era un mito pero ahora resulta que es tan cierto como que si tiras un vaso de cristal al suelo lo más probable es que se rompa.

El año pasado, en menos de dos meses, tuve noticias de tres embarazos cercanos a mí. La primera noticia la tuve de manos de mi prima que esperaba una bonita niña, la segunda noticia de mi cuñada que venía cargada con, nada más y nada menos, dos niñas preciosas y la tercera una de mis amigas de la infancia que, de nuevo, traía consigo una niña (la más pequeña de las tres). Podríamos pensar que la cosa se queda ahí pero no, seguimos sumando porque dos amigas más se han quedado embarazadas y la verdad es que lo entiendo porque llega un punto en el que el reloj avanza y ves como personas de tu alrededor aumentan la familia mientras tú te quedas atrás y entonces se te contagia el virus de la maternidad y te pones manos a la obra.

El problema es que luego, a pesar de ese virus que respiras en el ambiente, hay personas como yo que a pesar de adorar a los niños estamos vacunadas contra el virus y el motivo es muy sencillo: agobios. Por ejemplo, mi cuñada y mi prima ya están hasta arriba buscando Escuela Infantil donde inscribir a sus hijas, y he de decir que no son nada baratas así que, id sumando. Mi prima la va a llevar a esta escuela que ofrece inglés para niños en Vigo porque dice que actualmente es tan importante que los pequeños aprendan el idioma universal que sería incapaz de matricular a la niña en ninguna escuela que no tuviera en su programa unas buenas clases de inglés, algo que entiendo perfectamente pero que nada más de pensarlo me agobia.

Analicemos la cuestión: te quedas embarazada, todo es precioso y aumentas la familia con un pequeño o pequeña adorable ¿no? ¡Y unas narices! Como te toque un embarazo malo te puedes pasar los 9 meses agarrada a la taza del váter tirando la primera papilla, con náuseas, dolores de espalda, piernas y tobillos hinchados, las hormonas locas que te provocan un mal humor continuo y sin ganas de hacer absolutamente nada. Luego llega el bebé y entonces pierdes todo el tiempo que pensabas que ibas a tener porque tienes que dedicárselo a él o ella: darle el pecho cada dos horas, acunarlo cuando llora, arroparlo si tiene frío, protegerlo de familiares besucones y abuelas pesadas, etc. Toda una locura, y eso por no hablar de cómo desciende tu cuenta corriente mientras aumentan los gastos en casa.

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Soy una Mujer Nomo, no quiero ser madre.

Yo creo que pertenezco a un grupo de mujeres que son tías permanentes y perennes, es decir, adoro estar con mis sobrinos, no me canso nunca de ellos, me gusta hacerles de niñera, me encanta llevármelos por ahí y cuidarlos, colaboro en todo lo que puedo con sus papás ya que sé el gasto que tienen y les compro pañales, potitos, ropita, juguetes y lo que haga falta pero no me veo con la fuerza suficiente como para renunciar a mi vida, una vida bastante cómoda la verdad, en la que hago lo que me da la gana cuando me da la gana y en la que si ahorro un poco me puedo ir de viaje a conocer lugares que aún no he visto en lugar de tener que guardarlo para comprar los libros del curso que viene de la escuela del pequeño. ¿Soy mala? No lo creo, simplemente he tomado una decisión que nadie debería poder reprocharme porque a nadie le interesa. ¿O no?