Lagrimeo en los niños

Lagrimeo en los niños
29 enero, 2018

La obstrucción congénita a nivel del conducto lacrimonasal es la causa más frecuente de lagrimeo en el primer año de vida. Suele ser muy habitual, ocurre hasta en un 6% de recién nacidos normales, que nuestros bebés suelten sus lágrimas. Pero ¿cuáles son los síntomas? Seguro que puedes pensar que es conjuntivitis, pero puede ser otra cosa.

Pues pueden estar presentes en el nacimiento, aunque habitualmente se manifiestan a las 2-6 semanas, cuando madura la producción lagrimal. Los niños afectados presentan un exceso de lágrima entre el borde palpebral y la superficie ocular, conocido como ojo encharcado, también epifora, que es el rebosamiento de la lágrima por las pestañas, los párpados y la mejilla, el reflujo de material mucoso por el punto lagrimal a la expresión del saco lagrimal (causante de que los párpados y las pestañas estén pegados al despertar) y dermatitis secundaria, que es debida al contacto constante con la lágrima.

Complicaciones secundarias

Las condiciones que aumentan la congestión nasal, como son las enfermedades respiratorias altas, pueden exacerbar la sintomatología. Asimismo, la exposición al aire, el viento, el frío o el sol. También pueden aparecer complicaciones secundarias: conjuntivitis, dacriocistitis aguda (dolor, tumefacción, rubor y calor en el área del canto interno) y celutitis preseptal. Es importante la exploración ocular para hacer el diagnóstico diferencial con otras patologías especialmente el glaucoma congénito que, aunque es poco frecuente, es grave y requiere un diagnóstico y tratamiento precoz.

Afortunadamente este problema se puede solucionar con un tratamiento que realizan en Estética Ocular. Y es que aunque el 90% de los casos se resuelven espontáneamente antes de los 12 meses de vida, por lo que inicialmente se aconseja: observación, masaje del saco lagrimal e higiene correcta y frecuente de la zona (para evitar posibles sobreinfecciones). La duración del tratamiento conservador y el momento más adecuado para realizar un sondaje de la vía lacrimonasal depende de varios factores, especialmente de la gravedad del caso, la aparición de complicaciones y del criterio de cada oftalmólogo.

El sondaje tiene una alta tasa de éxito, anda por más del 90%. Es un procedimiento muy sencillo pero por la edad de los pacientes debe efectuarse bajo anestesia general. Si éste fracasa, pueden ser necesarios procedimientos quirúrgicos adicionales: intubación canalicular con tubo de silicona, dacrioplastia (dilatación del conducto lacrimonasal con un catéter provisto de un balón), fractura del cornete inferior o dacriocistorrinostomía (como última opción).

Lagrimeo en los adultos

Mucho más complicado es el lagrimeo en los adultos. Depende de la severidad de los síntomas y la localización de la obstrucción. En algunos pacientes de edad avanzada, a pesar de tener una obstrucción lagrimal, la producción de lágrimas es tan escasa que no presentan síntomas.

Cuando el paciente se queja de lagrimeo persistente y en los casos en los que ha presentado dacriocistitis (infección del saco lagrimal) se indica una intervención quirúrgica denominada Dacriocistorrinostomía (DCR). Esta técnica consiste en crear un nuevo paso para que la lágrima llegue a la nariz, comunicando el saco lagrimal con ésta.

Se suele dejar un tubo de silicona en el interior de este nuevo canal creado durante 45 días, mientras dura el proceso de cicatrización. La tasa de resolución del lagrimeo con la cirugía es bastante alta, aproximadamente 90%. Con menor frecuencia la obstrucción se encuentra en la porción más alta de la vía: entre el punto lagrimal y el saco. En estas ocasiones además de realizar una DCR, se inserta un tubo pequeño (Tubo de Jones) que permitirá el drenaje de la lágrima directamente desde el ojo a la nariz.

Lo mejor es que te pongas en manos de profesionales, porque ellos sabrán qué hacer para que sientas mucho mejor.